Tanto quisiera,
que estuvieses por siempre a mi lado. Pero esto es cosa de dos, amor,
y yo no puedo obligarte
a lo que tu corazón
no siente ni parpadea cada segundo: $
Dices que por mí lo dabas todo,
pero ahora que llegó la hora,
me has dejado sola, como una hoja marchita.
Rumbo a la vida y a la melancolía.
En las cuales las dos sirven de testimonio
como guía y aprendizaje de sabiduría.
Cada lágrima,
cada suspiro,
se convierte en mi devoción
de conocer el más allá que yo quiero descifrar.